¿QUEREMOS DIÉSEL BARATO O QUEREMOS DIÉSEL?

Hay algo que realmente no logro entender. Durante meses hemos escuchado a mineros, agropecuarios y transportistas reclamar porque no hay diésel: “¡Necesitamos diésel!”, “¡Sin diésel no podemos producir!”, “¡El Gobierno tiene que garantizar el abastecimiento!”.

Y tienen toda la razón.

El problema aparece cuando uno pregunta: “Perfecto, ¿quieren que haya diésel?”. Sí. “Pero va a costar más”. Ah, no, tiene que costar Bs 9,80.

Entonces… ¿en qué quedamos?

Porque hay una realidad bastante incómoda contra la que podemos marchar, bloquear carreteras y sacar pronunciamientos, pero seguirá ahí: el diésel cuesta lo que cuesta.

Yo he visto lo que significa traerlo

Durante el último año he visto muy de cerca a la empresa Arrax Logística-Integral tratando de importar diésel. Jeammy, su gerente, es experta en logística de combustibles y gracias a verla trabajar entendí que decir “que los privados importen” es facilísimo. Hacerlo es otra historia.

Hay que buscar proveedores en Estados Unidos, Medio Oriente, nuestra región o donde aparezca una buena oportunidad. Hay que comparar precios, rutas, barcos, puertos, cisternas, camiones, almacenamiento, capacidades y volúmenes. Y después hay que resolver cómo pagar: dólares, bolivianos, divisas, bancos, transferencias y estructuras legales para mover cantidades enormes de dinero. Todo completamente legal, aclaro.

Y entonces empiezan los centavos. ¿Podemos bajar 50 aquí? ¿20 cambiando la ruta? ¿10 en el almacenamiento? ¿Otro proveedor? ¿Otro puerto? He visto a Jeammy hacer ese rompecabezas una y otra vez porque cuando hablamos de millones de litros, diez centavos son muchísimo dinero.

El precio más bajo que Arrax logró estructurar fue Bs 14,50 por litro. Y sí se ha vendido diésel importado: Arrax llegó a vender a Bs 15,50 por litro.

¿Saben cuándo? Cuando no había diésel.

Porque cuando el productor necesita combustible para seguir trabajando y el diésel de Bs 9,80 simplemente no existe, entiende perfectamente que la alternativa es comprarlo más caro. Pero apenas reaparece el de Bs 9,80, ¿quién va a querer pagar Bs 15,50? Ahí está justamente el problema.

Hoy, mientras escribía esto, volví a preguntarle a Jeammy a cuánto podría vender Arrax diésel y la respuesta fue Bs 18 por litro. ¿Por qué subió? Por varias razones: cambian los precios de compra, las condiciones de las operaciones, la logística, el financiamiento y, por supuesto, también influye el dólar.

Porque el combustible se compra afuera y necesitamos divisas para pagarlo, pero finalmente queremos venderlo aquí en bolivianos. Así que puedes conseguir un proveedor mejor, una ruta más barata y ahorrar centavos por todas partes… y se mueve el dólar. Adiós ahorro.

Además, para traer millones de litros necesitas muchos dólares en un país que precisamente tiene problemas para conseguirlos. Así que no solamente tenemos que resolver dónde conseguimos el diésel, sino también dónde conseguimos los dólares para comprarlo.

Es un desastrillo.

Y ahora viene la parte divertida

Después de todo ese trabajo, alguien finalmente dice: “Listo, puedo vender diésel. Hoy, Bs 18”. Y al lado el Estado lo vende a Bs 9,80.

¿A quién le va a comprar el cliente? ¡Pues al de Bs 9,80! No hay que estudiar economía en Harvard para deducir eso.

Por eso decir “pero si ya autorizaron a los privados a importar” no resuelve nada. Autorizar una actividad no significa hacerla económicamente posible.

Un privado tiene que poner capital, conseguir divisas, asumir riesgos y saber hacer toda esa logística. Y ojo: cuando no hay diésel subvencionado, sí aparece mercado para el privado. La experiencia de Arrax lo demuestra: pudo vender a Bs 15,50.

Pero ésa no es una forma razonable de construir un mercado. Nadie puede organizar una operación permanente de millones de litros pensando: “Mi negocio funciona siempre y cuando el otro se quede sin producto”.

Cuando hasta los errores están subvencionados

Y hay otro detalle. Si Jeammy calcula que Arrax puede vender a Bs 18 y aparece alguien que consigue vender a Bs 17, tiene un problema. Tiene que buscar otro proveedor, otra ruta, otro almacenamiento o bajar su margen, porque si no mejora, no vende.

Eso la obliga a ser eficiente… a ser hábil… a ser experta… a no cometer errores.

Ahora imaginemos que una empresa estatal compra peor, escoge una ruta más cara o termina trayendo el combustible dos o tres bolivianos más caro de lo necesario. Si el Estado absorbe esa diferencia para mantener el precio final, el consumidor ni siquiera ve la ineficiencia. También queda escondida y también la pagamos nosotros. Hasta los errores terminan subvencionados.

El privado pelea por 50 centavos, por 20 y hasta por 10 porque si otro consigue hacerlo mejor, le quita el cliente. No porque sea buena persona, sino porque quiere vender.

Y ocurre algo todavía más absurdo

Ese mismo diésel que vendemos barato dentro de Bolivia vale más afuera. Y aparecen los vivos. Siempre aparecen.

Si puedo comprar algo a Bs 10 y llevarlo hasta una frontera donde puedo venderlo a Bs 15, compro a 10 y vendo a 15. Cincuenta por ciento sobre lo que pagué. ¿Produje algo? No. ¿Sembré algo? No. ¿Extraje algún mineral? No.

Simplemente agarré algo que los bolivianos estábamos pagando barato con recursos de todos y lo llevé donde vale más.

Porque la subvención no la paga un señor llamado “Subvención” que vive en algún ministerio. La pagamos nosotros. Así que quien compra combustible subvencionado para sacarlo ilegalmente del país no está haciendo un gran negocio: nos está robando y, además, está sacando el diésel que necesitan el agricultor, el minero y el transportista.

Entonces tenemos un sistema al revés

Queremos que haya diésel, pero queremos que cueste menos de lo que cuesta traerlo. Y con eso conseguimos dos cosas maravillosas:

Hacemos atractivo sacar diésel de Bolivia y hacemos poco atractivo traer diésel privado a Bolivia.

¿Se dan cuenta? ¡Es exactamente al revés!

Queremos que entre, pero hacemos negocio sacándolo. Queremos que los privados importen, pero les pedimos competir contra un precio que no pueden alcanzar. Queremos abastecimiento, pero queremos pagar menos de lo que cuesta reponer el producto.

Y después nos sorprendemos porque falta… ¿Osea? ¡Por Dios!

Claro que eliminar la subvención duele

Tampoco hay que engañarnos. Si sube el diésel, subirán costos. El agropecuario necesita combustible para producir, el transportista para llevar esa producción, la minería para operar y las máquinas y los camiones necesitan combustible. Parte de ese aumento terminará llegando a los precios.

Sí. Eliminar una subvención no hace desaparecer mágicamente su costo. Lo que hace es dejar de esconderlo.

Por eso es perfectamente válido discutir mecanismos temporales para proteger determinados sectores o evitar que todo el golpe llegue de una vez a los alimentos. Pero primero tenemos que conseguir que haya combustible, porque para alguien que necesita sacar una cosecha o mover un camión, un litro de diésel a Bs 9,80 que no existe no sirve.

¿Y qué pasa si dejamos competir?

YPFB puede importar. Arrax puede importar. Otros pueden importar. Uno consigue vender a 18, otro encuentra una ruta mejor y vende a 17,80. El primero busca otro proveedor y llega a 17,50. El otro tendrá que mejorar.

Eso es competencia.

Esos 50, 20 y 10 centavos que he visto a Jeammy perseguir durante meses empiezan a importar. No bajarán el precio porque sean buenas personas, lo bajarán porque quieren que usted les compre a ellos. Y tendremos gente que sabe del tema buscando cómo traer combustible cada vez más barato.

El precio barato no sirve si el producto no existe

Podríamos sacar mañana un decreto diciendo que el diésel cuesta un boliviano. Incluso cincuenta centavos. Y celebrar que tenemos el combustible más barato del continente.

Sólo habría un pequeño problema: no habría diésel.

Porque alguien tiene que comprarlo, importarlo, transportarlo, almacenarlo y venderlo. Y todo eso cuesta.

Podemos discutir cómo amortiguar el impacto, qué sectores necesitan ayuda y muchas otras cosas. Lo que no podemos hacer es discutir contra la aritmética.

Si traer un litro cuesta más de lo que permitimos cobrar por él, alguien tiene que pagar la diferencia. Si además ese precio incentiva el contrabando y desincentiva la importación privada, tenemos un problema mayor. Si además faltan dólares para comprarlo, agregamos otro.

Así que quizá la discusión no debería ser “¿por qué están subiendo el diésel?”. Quizá deberíamos empezar por una pregunta mucho más sencilla:

¿Queremos diésel barato o queremos diésel?

Porque después de meses haciendo filas frente a surtidores vacíos, tal vez ya deberíamos haber aprendido que hay algo peor que pagar caro por el combustible: que no haya combustible que pagar.

Deja un comentario...